La lista oficial de inscritos para el Gran Premio de San Petersburgo confirma lo que se anticipaba y Prema no participará en la primera fecha de la temporada 2026 de la NTT IndyCar Series. Son 25 monoplazas los que tomarán la salida este domingo 1 de marzo en las calles de Florida, exactamente un año desde que el equipo debutó en este mismo circuito con la ambición de replicar en Norteamérica lo que habían construido durante décadas en las categorías formativas europeas. Un año más tarde, la operación estadounidense está en crisis y su continuidad depende de una venta de activos que todavía no se concreta. Prema no tiene asignado un espacio en garajes ni en la zona de equipos para este fin de semana, lo que descarta cualquier aparición de último momento.
La temporada 2025 no fue un fracaso deportivo
Aunque la ausencia en San Petersburgo no significa necesariamente el final del proyecto, sí obliga a revisar lo que dejó la temporada 2025. Prema corrió las 17 rondas del calendario con Callum Ilott y Robert Shwartzman, y ambos pilotos sumaron puntos de principio a fin. Ilott acumuló 78 unidades con un octavo lugar en Toronto como mejor resultado, cifra modesta pero razonable para un equipo en su primera temporada. Shwartzman fue más productivo con 104 puntos y, sobre todo, con la pole position en las 500 Millas de Indianápolis, algo que ningún otro equipo debutante había logrado en años recientes.
Esa pole en Indianápolis fue el mejor momento de Prema en la IndyCar, pero que Shwartzman terminara 26 en esa misma carrera y que Ilott acabara último con una infracción reglamentaria dice mucho de la otra cara del proyecto: había velocidad en momentos puntuales, pero nunca la consistencia que exige una temporada completa contra Penske, Ganassi y McLaren. Prema cerró lejos de los puestos de honor en el campeonato de equipos, sin podios ni victorias, y lo que tiene al proyecto contra las cuerdas no es la falta de velocidad sino la falta de dinero.
Operar sin charter en la IndyCar actual es casi imposible
Desde 2025, la IndyCar opera con un sistema de franquicias similar al de NASCAR en el que un charter garantiza un lugar en la parrilla de cada fecha, con excepción de las 500 Millas de Indianápolis, y da acceso al programa Leaders Circle, que distribuye bonificaciones económicas importantes al cierre de temporada. En el mercado secundario, los analistas estiman que un charter podría valer entre 20 y 30 millones de dólares.
Prema nunca tuvo uno, y eso significó competir sin garantía de entrar a cada carrera si la parrilla se llena y fuera del sistema de ingresos diseñado para dar estabilidad financiera a los equipos permanentes. Para un equipo recién llegado, sin historial en la categoría y sin patrocinadores fuertes, esa posición era insostenible desde el primer día.
La quiebra de DC Racing Solutions aceleró el colapso
DC Racing Solutions, la empresa matriz que opera a Prema en Norteamérica, no pudo mantener la operación a flote. Sus dificultades económicas provocaron la salida de la familia Rosin, fundadores del equipo hace más de cuatro décadas y responsables directos de la reputación que Prema construyó en Europa. Sin los Rosin, la dirección actual concentró los recursos donde la operación sigue siendo viable y abandonó la IndyCar como primera medida de recorte. Prema no cumplió con los pagos a proveedores básicos durante el invierno, no participó en ninguna sesión de pretemporada y llega a marzo de 2026 como un equipo en quiebra formal en territorio estadounidense.
Carlin recorrió el mismo camino y tampoco sobrevivió
Prema no es el primer equipo europeo que prueba suerte en la IndyCar y no logra sostenerse. Carlin Motorsport entró a la serie en 2018 con un nombre pesado en las categorías formativas y pilotos de perfil internacional, compitió cuatro temporadas sin obtener resultados relevantes y para 2022 ya había abandonado la categoría para reconvertir su operación hacia la Indy NXT, donde los costos son una fracción de lo que exige la serie principal.
Y el patrón viene de más lejos, porque en la era de la CART equipos como EuroInternational compitieron con resultados modestos y sin continuidad real. La IndyCar es una categoría donde la infraestructura local, las relaciones con proveedores y la cercanía con la base industrial de Indianápolis pesan tanto como lo que pasa en pista, y un equipo europeo que llega sin esas redes de soporte parte con una desventaja que la velocidad pura no compensa.
Ilott y Shwartzman mantienen contrato pero no tienen dónde correr
Los dos pilotos que corrieron la temporada 2025 siguen ligados contractualmente a Prema, pero ninguno participó en actividad alguna durante el invierno. Si la venta de activos avanza, sus contratos podrían formar parte del paquete, y un comprador con intención de operar los dos autos se beneficiaría de retener a dos pilotos con experiencia en la IndyCar y en la Fórmula 1, particularmente a Shwartzman, que ya probó que puede pelear por la pole en la carrera más importante del calendario. La alternativa es que queden libres si el nuevo dueño prefiere arrancar con pilotos propios.
Los activos de Prema valen menos con cada semana que pasa
La directiva actual necesita vender cuanto antes los dos monoplazas, la sede en Indiana, el contrato de motores y los recursos operativos restantes. Hay interesados, y los rumores apuntan a que algunos quieren entrar a la parrilla en alguna de las tres fechas restantes de marzo en Phoenix, Arlington o Alabama, aunque armar una operación funcional en semanas es un desafío logístico enorme.
La fecha más realista para ver estos autos de vuelta en pista es el Gran Premio de Long Beach, programado para el 19 de abril, lo que daría al menos seis semanas para cerrar el acuerdo, preparar los monoplazas y definir pilotos. Cada semana sin firma reduce lo que vale el paquete, porque dos entradas sin charter solo sirven si quedan suficientes carreras por delante para justificar la inversión, y con cuatro fechas solo en marzo el tiempo corre en contra.
Photo By Penske Entertainment
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